Tamir, siempre a mano y dispuesto a ayudar, es como una criatura mágica que aparece cuando se le necesita y vuelve a desaparecer en cuanto ha cumplido su misión. Vestido con su distintivo abrigo dorado, sus pantalones blancos acolchados y su sombrero bombín, sonríe de oreja a oreja y mira con ojos brillantes que son las ventanas de su alma generosa.