Robert Lepage

Como el artista multidisciplinar que es, Robert Lepage ejerce con la misma maestría el oficio de artista dramático, director de escena, actor y realizador. Aclamado por la crítica internacional, crea y lleva a escena obras originales que transforman las normas clásicas de escritura escénica, sobre todo por el uso que hace de las nuevas tecnologías. Recordemos que su obra ha sido premiada con numerosos galardones, entre ellos, el más reciente ha sido el Prix Europe pour le théâtre (Premio Europeo de Teatro) de 2007.

  • Robert Lepage
  • Montreal
  • Director de escena
¿Cuál ha sido su enfoque con respecto a los actores en los proyectos en los que ha colaborado con el Cirque du Soleil?

Dado que el trabajo de un actor en el Circo apenas es verbal, el enfoque es muy distinto al que suelo adoptar en el teatro. No se nombran las cosas, se evocan. El nivel de actuación que se exige es mucho más poético. Rara vez es cuestión de psicología o trama dramática, como suele ocurrir en el teatro. Esto exige al actor, por lo tanto, disponibilidad, polivalencia y ganas de superarse.

En el espectáculo KÀ y en el Cirque du Soleil en general, nos encontramos en el ámbito del hiperteatro, como en la ópera. Todos los elementos son mayores que en la realidad: los gestos, las distancias que se recorren, la fuerza que esto requiere, el volumen necesario para poder expresar cualquier cosa con la voz... Nos encontramos por tanto ante la hiperhumanidad. Para los artistas, ya sean actores o de otro tipo, esto exige superación y una consciencia de mayor dimensión.

El actor acude al Cirque du Soleil con una amplia formación y experiencia, un amplio trabajo de naturalismo y de investigación del personaje. Al llegar aquí, debe trabajar más que nada en la energía de su personaje en relación con otros personajes. La energía es un concepto muy extraño y desestabilizador para los actores, pero gracias a ella se comunican emociones. En resumen, se trata de una forma de juego similar al juego del kabuki (teatro japonés), al teatro griego y al teatro físico, como la commedia dell’arte. Por tanto, el actor contemporáneo debe adaptarse a este juego físico.

¿Qué es lo que le parece más interesante de trabajar con actores procedentes de distintos lugares y distintas nacionalidades?

Esta comunidad universal representa perfectamente la belleza de los espectáculos del Cirque du Soleil. La barrera idiomática, el choque de culturas, la confrontación de los distintos métodos... todo esto obliga a la diplomacia, a la armonía y a la escucha.

Crear todos juntos un espectáculo en el Circo, aunque provengamos de religiones, nacionalidades y grupos lingüísticos diferentes, implica dar la impresión de que provenimos todos del mismo lugar: el espectáculo en sí mismo. El resultado consiste en espectáculos que no poseen un color localista, sino universal, en los que cualquier espectador pueda verse reflejado.

¿Cómo describiría usted su filosofía creativa?

Siempre he creído en el work in progress y en la creación colectiva dirigida en compañía de una visión, ya que la materia, las ideas y la humanidad emanan del grupo. La forma orgánica de trabajo del Cirque du Soleil se posiciona cerca de la de Ex-Machina, mi compañía de producción: la materia se desarrolla con los artistas. Así que me siento aquí como en casa.

Por supuesto, trabajamos sobre la base de un story-board, pero es necesario ir más allá. Reunir a los artistas obliga a emprender caminos diferentes, rutas por las que uno no hubiera transitado jamás. Por tanto, el caos es necesario para poder crear el orden, un orden que tendrá el color del grupo de trabajo. Para que esto funcione, es necesario contar con un director de escena que tenga un espíritu abierto y que esté dispuesto a escuchar.

¿Cuál es, según su punto de vista, el papel que desempeñan los actores y la actuación en el Cirque du Soleil?

El Circo tiene una forma especial de hablar con el público, de entablar una relación con él, de transmitirle su energía. En esto, el actor ejerce un papel de narrador. Será él el que ayudará a dar el salto entre el aspecto acrobático del espectáculo y el espectador. Desempeña un papel intermedio, como en los grandes teatros de ópera donde los actores se encuentran en el centro, entre los cantantes de ópera y los bailarines, y actúan como nexo de unión entre la expresión oral y el aspecto físico.

Del mismo modo, el actor es un buen mediador. Durante la creación de KÀ, los actores me han ayudado mucho a transmitir mis ideas, a ayudar a otros artistas a captar el aspecto interpretativo o dramatúrgico de un personaje. Creo que su presencia en los espectáculos del Circo es importante.

¿Qué le parece más estimulante a la hora de trabajar en colaboración con el Cirque du Soleil?

La omnipresencia de la autosuperación. Generalmente, resulta difícil conciliar a las personas a las que les gusta el deporte con las personas a las que les gusta la cultura; suele gustarnos lo uno o lo otro. Sin embargo, en el Circo llegamos a creer en esta conciliación.

El aspecto que más me estimula al venir a trabajar es la idea de superación, que es posible alcanzar gracias a los intérpretes. Entre todos estos artistas que proceden del ámbito de la gimnasia reina una gran disciplina, una gran concentración, que incluso llega a sobrepasar a veces el sentido común. Como director de escena, conducir a todos estos deportistas y artistas de escena hacia un trabajo conjunto resulta verdaderamente apasionante.

¿Qué consejo le daría a un futuro actor del Cirque du Soleil?

Debe llegar sin prejuicio alguno acerca de la actuación. De la misma forma que un acróbata debe abrirse al teatro, el actor debe contar con que la actuación transcurre de forma diferente y con que se le exigirá llegar a niveles donde nunca ha llegado antes.

También tendrá que demostrar una gran apertura de espíritu. Por eso, en un grupo donde todo el mundo habla distintos idiomas, cuentan con distintas tradiciones culturales y proceden de diferentes disciplinas (y, por tanto, poseen nociones diferentes de lo que es un espectáculo), nos encontramos ante un caos total. Para poder colaborar en la obra, el actor debe ser una antena: tiene que proponer ideas y encontrar su lugar.